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No es tarde. Es otro tramo, pendiente con este nuevo mes.


Te voy a contar algo que me pasó hace unos días, porque creo que a ti también te ha pasado y nadie lo dice en voz alta.


Estaba mirando el calendario y me di cuenta de que ya es agosto, lo que tiene varios significados: el primero se acaban las vacaciones, le sumo que mi hijo pequeño regresa al cole y lo más importante es que agosto es el mes ocho. Ya vamos a mitad de año y pico, ya se empieza a sentir que se acerca el final del año, y con eso viene esa vocecita que te pregunta: “¿voy a lograr lo que me propuse?”.


Y ahí, sin darme cuenta, empecé a hacer lo que hacemos todas: pensar que había que cambiarlo TODO. Reinventar la rutina, la agenda, el negocio, la casa. Como si julio hubiera sido un error y agosto exigiera empezar de cero.


Y no. Ese es justo el error que quiero ahorrarte.



La meta no cambió. Lo que cambió fue el terreno que estás pisando


Aquí está lo que realmente pasa en agosto, y honestamente en cualquier mes donde algo externo se mueve —empiezan clases, cambia el clima, cambia tu carga de trabajo, lo que sea—: tus metas siguen siendo las mismas. Crecer tu negocio, avanzar en tu carrera, cuidar tu salud, estar presente con tu familia. Nada de eso caducó el 31 de julio.


Lo que cambia es el terreno. Y cuando cambia el terreno, no necesitas un mapa nuevo — necesitas ajustar cómo caminas sobre él.


Piénsalo así: no es que tu meta de este año se dañó. Es que algunas de las estrategias que usabas para llegar a ella ya no encajan con esta nueva etapa, y otras siguen sirviendo exactamente igual. La clave no es cambiarlo todo. Es identificar qué parte sí necesita un ajuste, y qué parte puedes dejar tranquila, funcionando como venía.



Un ejercicio simple que uso yo


Cuando siento que un mes viene con cambios —como agosto—, hago algo muy sencillo, casi tonto de lo simple que es: divido lo que tengo en dos columnas.


En una columna pongo todo lo que puede seguir en automático. Esas rutinas, hábitos o formas de trabajar que no dependen de lo que está cambiando afuera, y que puedo dejar tal cual están.


En la otra columna pongo lo que sí necesita un empujón distinto este mes. No un cambio de meta, un cambio de estrategia. Por ejemplo: si tu meta es facturar más este año, en julio quizás tu estrategia era trabajar bloques largos sin interrupciones. En agosto, con horarios de escuela nuevos, quizás tu estrategia tiene que ser trabajar en bloques más cortos, pero más frecuentes. La meta de facturar sigue igual. Lo que cambió es cómo la vas a sostener este mes específico.


Ese ejercicio —nada más esas dos columnas— me ahorra la sensación de pánico de “hay que reinventarlo todo”, y me deja ver con claridad que la mayoría de mi vida sigue funcionando igual. Solo un par de cosas necesitan otro ángulo.



Y también depende de la temporada en la que estés


Aquí hay algo más que quiero compartirte, porque a mí me costó aceptarlo: no todos los meses se viven con la misma intensidad, y está bien.


Hay temporadas donde vas más relajada — julio, para mí, suele ser así. Y hay temporadas donde necesitas arrancar con más fuerza, como agosto, cuando los que tienen niños o adolescentes en casa sienten que todo se acelera de golpe: horarios, actividades, tareas, la logística de una casa entera reajustándose.


Eso no es que seas inconsistente. Es que tu vida tiene ritmos, como cualquier cosa viva. Pretender que julio y agosto se organizan igual es como pretender que el verano y el invierno piden la misma ropa. No tiene sentido forzarlo.



Esto no es solo para mamás de niños chiquitos


Quiero ser clara en algo: esto no es solo para la mamá de un niño que empieza kinder o primaria. Es exactamente igual para la mamá de un adolescente que ahora necesita más autonomía y menos control tuyo. Es igual para el profesional que ve cómo su oficina cambia de ritmo cuando los compañeros con hijos ajustan sus horarios. Es igual para la emprendedora que siente que “debería” estar más productiva pero su energía está en otro lugar. Y es igual para cualquier persona en la comunidad hispana de Estados Unidos, tenga hijos o no, porque agosto se siente en el ambiente, en el tráfico, en las conversaciones de todos alrededor.


El terreno cambia distinto para cada uno. Pero el ejercicio de mirar qué sigue igual y qué necesita otro ángulo, ese sirve para todos.


Lo único que te pido


La próxima vez que sientas que un mes te obliga a “empezar de cero”, detente un segundo. Pregúntate: ¿de verdad cambió mi meta, o solo cambió el terreno? Casi siempre vas a descubrir que es lo segundo. Y ahí, en vez de reinventar tu vida entera, solo necesitas ajustar un par de estrategias y dejar todo lo demás tranquilo, funcionando como ya sabe funcionar.


Eso es, al final, lo único que agosto te está pidiendo.

 
 
 

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