Por Amaris Peraza

Muchas veces hemos escuchado o dicho la frase “Ponte en mis zapatos”, debo reconocer que la digo mucho. Pero como muchas cosas que te dan enseñanza en la vida son fáciles de decir y difíciles de hacer.
Ponerte en los zapatos de otra persona no es más que poder ver, con los ojos de los otros y hasta sentir en una situación determinada. Pero estamos tan inmiscuidos en nuestras cosas que poco nos importa, pues ¿para qué si tenemos nuestro estilo de vida o nuestro sistema de valores me va importar los demás?.
Es cierto que vivimos un mundo acelerado y que cada vez hay más herramientas para que nos auto conozcamos. Esto sumamente importante, porque sino nos tomamos el tiempo para saber quiénes somos, que nos gusta o que no, que nos importa, no podremos seguir adelante en nuestras vidas.
Aclaro ese seguir en nuestras vidas es conscientemente, porque podemos transitar por ella sin darnos cuenta. Pero hay que decir que ese trabajo es duro y muchas veces da miedo. ¿Para qué esforzarnos en saber cómo ve la otra persona o que siente’.
Pero creo que es un segundo paso de la conciencia de la vida, porque tu no vas solo en el mundo, vas acompañado de personas, a las cuales no a todas les va hacer el ejercicio de ponerte en sus zapatos; pero si saber a quienes, porque a veces puedes tomar decisiones que van afectar de una u otra manera a tu alrededor.

¿Qué me importa?
Tengo dos ejemplos que les ayudaran a evaluar lo importante que es hacer el ejercicio.
El primero es el clásico, de una pareja. Él vive su mundo, trabaja, está en casa, apoya hasta cierto punto con los niños, te escucha tus “Cantaletas o berrinches” cuando estas cansada o agobiada, pero de ahí no hay más.
Ella soñando que no solo la escuchen, porque sabe que él cree que cuidar niños, atender una casa, ser esposa y trabajar es una cuestión fácil. Que mejor ejemplo para invitar a ese caballero a que por unos minutos intentara repasar todo lo que hace su señora, sentir lo cansada que podría terminar el día, lo frustrada que se sentirá porque la oyen, no la escuchan… En ese momento les aseguro que si lo hacemos de ambas partes muchos matrimonios se salvarían.
Mi segundo ejemplo está basado en una situación que se atraviesa en Venezuela donde en un hospital 30 bebes no comieron porque no se consigue la leche para alimentarlo. Algo gravísimo de mi punto de vista.
Y es ahí con que es fácil para muchas madres sentirse dolidas o impresionadas y hasta angustiadas cuando escucharon la noticia, porque el solo imaginar que nuestros hijos pasen por eso es algo que nos altera.
Aquí no hubo mucho esfuerzo para que un grupo de mamás se reuniera y pidieran donaciones para apoyar a esas familias, -a pesar de que da indignación saber que los bebitos pasan hambre por errores de otros-. Pero ese motor de solidaridad arranco de inmediato y eso se logró, simplemente poniéndonos en los zapatos de otros.
Así que te invito a que sigas el camino del auto conocimiento, pero además puedas pararte y pensar si mis acciones están afectando de manera positiva o negativa a otros y como se estarán sintiendo.